martes, mayo 03, 2022

NO COMER AMAGUES

Una vez más la ciudadanía enfrenta una duda: no sabe si lo que aprieta su cuello es la corbata que voluntariamente se puso o la soga que le pusieron otros. Cualquiera sea la causa, la asfixia y el desconcierto son el mismo y necesario el efecto que producen las dos posibilidades.

Cristina y los suyos apremian al presidente con el reiterado argumento de que “el gobierno es de ellos” y no de Alberto, con la clara intención de presionar a él y a sus ministros. La queja apunta a desligar de responsabilidades a la jefa y a sus acólitos, además de intentar usurpar el cargo de aquel. Todo es falso y agraviante en tanto nos consideran imbéciles a nosotros, sin excepción.

A modo de ejemplo digamos que ese sector que nos toca soportar en el gobierno, podrá considerarse dueño del “avión” (votos), pero sin dudas también ellos designaron al “piloto” para mostrarlo y para que lo conduzca hasta el arribo, y no para convertirlo en azafata en el peor momento y complejas circunstancias mundiales. Siempre el investido para mandar es el comandante, que no es otro que el piloto.

Ahora, en medio de una tormenta atroz en la que nos introdujeron por impericia de todos y latrocinio común, no pueden pretender sortearla con peleas y ofensas. Tienen que hacerse cargo de las consecuencias y ayudar en lo posible para evitar el choque brutal.

Lamentablemente, la posibilidad del desastre total no incomoda a la vice, que sólo quiere sortear su situación frente a la Justicia. No debemos suponer que, en algún momento, aspire sinceramente a corregir el rumbo para salvar al “avión” que nos traslada.

Sabe que, si se estrella, lo que es muy probable, ella y su familia pueden zafar de un futuro complicado. Si el país mejora, ella empeora ¿Qué podríamos hacer en el prolongado epílogo que aún resta para que terminen? Supongo que la única posibilidad es aferrarnos a las hilachas que subsisten del estado de derecho, sin buscar salvadores mágicos que les prendan fuego a esos colgajos. Los últimos cien años muestran que éstos, los salvadores sorpresivos, son todavía peores (Videla, Onganía, Uriburu y el resto).

Pero atención, estas peleas procaces y ridículas, son reales y están logrando un efecto deseado y fatal: nos entretienen y nos desinteresan de los graves problemas que no van a resolver, ni quieren hacerlo. No debemos perder de vista que este fracaso rotundo, tiene al gobierno como único responsable. Con la excusa de contener gastan, roban y regalan a mansalva. El presidente es apenas un lazarillo ignorante y desorientado que aceptó hacerse cargo de Cristina y sus secuaces. Frente a la posibilidad que se lo saquen de encima, tenemos que preguntarnos ¿Para qué lo expulsarían? ¿Qué piensan hacer en ese caso?

¡Será posible que estemos otra vez en el trampolín con los ojos vendados y las manos atadas, sobre una pileta sin agua!

La advertencia que ahora publico, surgió de reconocer en mi la presencia del entretenimiento que oculta la feroz dolencia que padecemos, con cada vez más escasas posibilidades de salida.

En aquel estado escribí un nuevo cuento: “Carnaval”. Lo subí a mi sitio personal (www.robertoyannello.com.ar), incorporado en la página que los agrupa. Lo ofrezco a los amigos para licuar un poco la desazón que nos provee la realidad política.