miércoles, diciembre 01, 2021

¿QUO VADIS?

El latinazgo del epígrafe, que en castellano significa ¿A dónde vas?, fue usado con finalidades diversas no siempre admitiendo o conociendo el propósito original. Dícese que, en el año 64, el Emperador Nerón ordenó la persecución de cristianos. Pedro, el futuro San, huye temeroso y en el trayecto encuentra a Jesucristo que iba en sentido contrario, cargando una cruz. Al verlo le pregunta ¿A dónde vas Señor? (¿Quo vadis, Domine?), recibiendo como respuesta: “Voy a Roma para ser crucificado de nuevo”.

Evidentemente mostraba su disposición para un nuevo y terrible  sacrificio capaz de enfrentar la inmoralidad, la tiraría y la ignominia. Pedro, avergonzado por huir dejando hacer al tirano, vuelve a Roma dónde sería martirizado hasta morir en el lugar en que hoy está la Basílica homónima.

Permítaseme que, con el debido respeto, confunda personas, propósitos y lugares, para tal vez lograr una idea de conjunto que justifique los temores que ahora comparto.

Si en lugar de Nerón imaginamos a los Kirchner y su pandilla; si cambiamos a Roma por Argentina y todos nosotros nos metemos en los harapos de San Pedro, podríamos encontrar alguna sinonimia, por lo menos, estremecedora.

Nerón, por lo que de él se dice, no fue una buena persona, ni mucho menos; no reparó en perseguir a gran parte de la población con el odio y crueldad propia de los ignorantes autoritarios. Incendió y destruyó Roma, mientras observaba el desastre aporreaba la lira y disfrutaba cantando odas horribles de su autoría.

Hoy Cristina por su parte profundizó la brecha entre los ciudadanos, maltratando y persiguiendo a los que quedaron en uno de los lados y, si bien no canta odas, lastima aún más con la insoportable impunidad que va logrando para sí y su grupo. No podemos afirmar que destruyo ciudades, pero con seguridad sabemos que incendió las instituciones que quedaban con desvergüenza y descaro.

Como Roma, la Argentina se va despedazando por los tarascones a su territorio indefenso y la descomposición social producto de la anarquía que alimenta la indiferencia, el narcotráfico y la delincuencia asociados.

Pusimos a Nerón en el espejo como el reflejo de Cristina; a Roma en el que se muestra a la Argentina; ¿Y nosotros? ¿Podríamos suponer que entramos en los harapos de San Pedro? ¡No! Seguramente que no, muchos continuarán huyendo como ya vemos que sucede con lo más indispensable de nuestras juventudes. Tampoco encontraremos una imagen tan ejemplar y autorizada como le sucedió a Pedro.

Nosotros sólo podríamos encontrar apenas los recuerdos de líderes muertos, devaluados y hoy desconocidos, menores para atender esta circunstancia caótica. Se llame como se llame tal recuerdo.
Los que por cualquier razón deban imitar a Pedro, volviendo o quedándose, no pueden ignorar el sacrificio que les espera y no hará falta escuchar como advertencia incrédula: ¿“Quo vadis” argentinos?

Al rejunte que hace poco alcanzó un importante pero todavía escaso triunfo, le sobran egos y le falta mostrar estrategia y personalidad esperanzadora. Sólo ha despertado el miedo y el apuro en los caraduras que, como Nerón, sienten que su tiempo puede agotarse pronto.

De todos modos, el daño moral y económico inferido por los desmanes conocidos no tienen pronto alivio y merecen un quehacer que permita prepararnos para un futuro próximo impredecible. La otrora pródiga Argentina merece ese esfuerzo.